Fases del duelo: qué son y por qué no siempre se cumplen en orden

Imagen de apoyo para terapia de duelo

Fases del duelo: qué son y por qué no siempre se cumplen en orden

Cuando alguien atraviesa la pérdida de una persona querida, es habitual escuchar hablar de “las fases del duelo”, como si se tratara de un camino con etapas claras que hay que recorrer una a una. Esta idea, muy popular, viene del modelo propuesto por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en los años 70, y aunque ha sido útil para entender algunas reacciones comunes ante la pérdida, en la práctica clínica se observa algo distinto a lo que mucha gente espera.
Las cinco fases del modelo clásico
El modelo original describe cinco reacciones frecuentes: la negación (dificultad inicial para aceptar lo ocurrido), la ira (rabia dirigida hacia uno mismo, hacia otros, o hacia la situación en general), la negociación (pensamientos de “y si hubiera hecho…” o intentos de encontrar sentido a lo sucedido), la tristeza profunda, y finalmente la aceptación.
Conocer estas reacciones puede ayudar a entender mejor lo que se está sintiendo, y a normalizar emociones que a veces generan culpa o desconcierto, como la rabia o, paradójicamente, algunos momentos de calma que pueden aparecer entre medias.
Por qué casi nadie las vive en este orden
La propia Kübler-Ross, años después de popularizar este modelo, aclaró que nunca pretendió describir un proceso lineal ni obligatorio. En la práctica, las personas no atraviesan estas reacciones en fila, una detrás de otra: es mucho más habitual ir y venir entre ellas, sentir varias a la vez, saltarse alguna por completo, o experimentar algo que no encaja claramente en ninguna de las cinco categorías.
Esto tiene una implicación importante: si alguien siente que su duelo “no avanza como debería”, o que ha vuelto a sentir rabia cuando pensaba que ya estaba en la fase de aceptación, no significa que algo vaya mal. El duelo no es un examen que se aprueba siguiendo los pasos en orden, sino un proceso profundamente personal, que varía según la relación con la persona perdida, las circunstancias de la pérdida y la propia historia de quien lo vive.
Más que “en qué fase estás”, lo que importa es cómo convive ese dolor con tu día a día
En la práctica, centrarse en identificar una fase concreta no suele ser lo más útil. El objetivo de trabajar un duelo no es llegar a una fase final en la que el echar de menos a esa persona desaparezca, porque eso, en realidad, nunca llega a desaparecer del todo, y no tiene por qué hacerlo. La pregunta que merece más la pena hacerse no es “¿en qué fase estoy?”, sino “¿esta emoción me está dejando espacio para seguir viviendo y disfrutando de lo que tengo delante, o lo está ocupando todo?”.
Ahí es donde tiene sentido el trabajo terapéutico: no en borrar la añoranza, sino en suavizar su intensidad lo suficiente como para que convivir con ella no impida disfrutar del presente. Con el tiempo y el acompañamiento adecuado, es perfectamente posible seguir echando de menos a alguien y, al mismo tiempo, volver a reírse, a disfrutar de un plan, o a ilusionarse con algo nuevo, sin que eso signifique haber “superado” la pérdida ni haber dejado de quererla.
Cuándo conviene buscar apoyo profesional
No es necesario esperar a estar en una fase concreta, ni a que el proceso se complique, para buscar acompañamiento. Como se explica con más detalle en la página dedicada a terapia de duelo, pedir ayuda es una opción válida en cualquier momento del proceso, y puede facilitar tanto la elaboración emocional de la pérdida como la adaptación a la nueva situación, sin que el objetivo sea nunca dejar de echar de menos a quien se ha perdido.